Reflexión del Apocalipsis 21, 10-14
Reflexión que hice el 24 de agosto de 2021 sobre la primera lectura de aquel día, del Apocalipsis de San Juan, capítulo veintiuno, versículos del diez al catorce:
Comienza diciendo la lectura de hoy, Apocalipsis de San Juan: «Entonces vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete últimas plagas, y me habló diciendo: «Ven, que te voy a enseñar a la Novia, a la Esposa del Cordero.»
Aquí hemos de preguntarnos: ¿Quién es la Esposa del Cordero? Tampoco hay que ser muy listos para darse cuenta de que, como nos dice San Pablo en sus cartas y aquí San Juan nos recuerda, la Esposa del Cordero (quien es Cristo) es la Iglesia.
Si continuamos leyendo el pasaje, observaremos claramente como San Juan describe las cuatro notas de la Iglesia: «una», «santa», «católica» y «apostólica». Sigue el pasaje, pues: «Me trasladó en espíritu a un monte grande y alto y me mostró la ciudad santa de Jerusalén, bajaba del cielo, de junto a Dios, y tenía la gloria de Dios». Aquí observamos la primera nota (una). Pues la Esposa del Cordero, la Jerusalén Celestial, es una ciudad y no varias. Esto no puede significar de ninguna manera que la Iglesia son un montón de congregaciones que se contradicen entre sí, pero que son una sola Iglesia por la Fe. No. Lo que une a una ciudad es que tienen todos una misma ley, una misma nacionalidad, un mismo rey. Traducido en cristiano, esto es: Una sola Fe, un solo bautismo, un solo Señor (Ef. 4:5). También podemos ver la nota de «santa», pues San Juan no duda en llamar a la Jerusalén Celestial la «ciudad santa» y no duda en afirmar que la Jerusalén Celestial «tenía la gloria de Dios». Sigue el pasaje:
«Su resplandor era como el de una piedra muy preciosa, como jaspe cristalino». Aquí observamos cómo San Juan insiste en la santidad de la Iglesia, diciendo que «su resplandor es como el de una piedra muy preciosa». Tampoco hace falta hurgar mucho más para darse cuenta de la santidad de la Iglesia. Sigue el pasaje: «Tenía una muralla grande y alta con doce puertas; y sobre las puertas, doce ángeles y nombres grabados, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel; al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al mediodía tres puertas; al occidente tres puertas». Vemos aquí la catolicidad de la Iglesia, como hay puertas en oriente, en occidente, en el norte y en el mediodía, haciendo pues alusión a que todos los pueblos, de cualquier dirección, la que sea, están llamados a formar parte de la Jerusalén Celestial, la Iglesia. Sigue para finalizar así el pasaje: «La muralla de la ciudad se asienta sobre doce piedras, que llevan los nombres de los doce apóstoles del Cordero». Bastante claro que esto hace alusión a que la Iglesia es apostólica, pues bien claro nos dice San Juan que la Iglesia está cimentada sobre los apóstoles del Señor, sobre ellos mismos y sobre su testimonio, el cual llamamos «Sagrada Tradición». Por lo tanto, San Juan en este pasaje nos dice que la Iglesia es una, santa, católica y apostólica. Una sola ciudad unida por la misma ley, misma nacionalidad y rey. La ciudad santa y reluciente, bella y que tiene la gloria de Dios. Puertas en todas las direcciones, pues todos los pueblos están llamados a formar parte de la Jerusalén Celestial. Y sus murallas están cimentadas sobre las doce rocas que llevan los nombres de los apóstoles del Cordero. Concluyo con dos conclusiones: Amad a la Iglesia, que es vuestra Madre, rezad por ella, que nadie se atreva a llamar a la Ciudad Santa, «prostituta». Y recordad que:
«Extra Ecclesiam nulla salus». Feliz día del apóstol San Bartolomé y que Dios Omnipotente, con su Divino Hijo y en el Espíritu Santo, os bendiga.
Pax et bonum +
Matthaeus, ancillus Domini.
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